Me confesaba que era un genio del mal, que había inventado el viaje en el tiempo, que iba a acabar con la humanidad, que él ya había visto el Apocalipsis y que solo estaba haciendo ajustes ínter temporales para que todo se diera cada vez más perfecto y preciso.
No podía dejarlo ir así nada más, así que lo tiré al piso y traté de ahogarlo, tapándole la nariz y la boca. Pensé en ahorcarlo pero consideré que eso sería muy violento y dejaría cicatrices (?).
El tipo no dejaba de respirar y como podía, alcanzaba a tomar bocanadas. Vi la sombra de su rodilla acercándose a mi espalda para golpearme y lo evité, después de todo yo era fuerte y él no.
De pronto, se transformó en un muñeco del tamaño de un Ken (si, el novio castrado mirrrrey y pusilánime de Barbie), como tratando de escapar con esa jugarreta, ya que entre todas las tecnologías había desarrollado una para empequeñecerse.
Para mi fue más fácil mantenerlo y pensé en sumergirle la cabeza en agua. Encontré un vaso rojo fiestero pero no tenía agua, y ahora me encontraba en casa de mi hermana.
Tomé agua directamente del inodoro, que tenía una pastilla colorante que hacía que se viera roja el agua, pensé "como agua de jamaica". Sumergí la cabeza de mi pequeño adversario pero al parecer no era suficiente agua, ya que seguía burbujeando.
Llené un poco más el vaso con la falsa agua de jamaica y empezó a morir. Mientras se retorcía, pensé en las implicaciones morales de acabar con la vida de alguien, y que sería la primera vez que mataría (y que después de la primera vez todo es más fácil). Me justifiqué pensando que sacrificaba a un ser malvado por la humanidad; aunque fuera un héroe anónimo que no haría alarde de esa proeza para no enterar a los demás del final catastrófico y sus pormenores que les había evitado.
El hombre pequeño dejó de zangolotearse... Lo saqué del vaso y había cambiado la textura de su piel a un estado plástico, con el rostro con expresión de ahogado (de esas con boca circular como listas a comerse una paleta (?) y los ojos completamente abiertos con mirada perdida).
Tuve miedo de que fuera otro truco y resucitara, así que le arranqué la cabeza a mordiscos y descubrí una cabeza más pequeña, como de figurita de Lego. Hice lo mismo y estuve escupiendo los trozos de plástico, que marcaban mi triunfo.
Meditaba acerca del bien que hice, y olvidaba destruir el resto del cuerpo, o pensar en una posibilidad de que esa persona solo fuera un señuelo.
Todo estaba normal, placentero... Aburrido! Y si fuera mejor que hubiera un cagadero? Que todo cambiara y que ese cambio fuera necesario para sentirnos intensamente vivos aunque sea solo por un momento, y que después todo se fuera al carajo?
Perdí la noción del sueño y desperté.
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